GEA en Sales-Marruecos // Crónica 3 de Agosto

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    La clara luz del día nos despertó con una suave brisa y clara luz. Tras una noche tranquila el amanecer en Bouknadel luminoso y sereno nos preparaba un día especial en el que sumergirnos en el espíritu de este pueblo marroquí que tantas experiencias nos está aportando.
    Siempre que estamos en esta vecina tierra, tratamos de conocer un poco más sus tradiciones y cultura. Integrarnos y comprender mejor sus costumbres es un ritual que nos integra, que nos funde y unifica. En esta ocasión hemos vuelto a visitar Rabat y Sale.
    Visitamos el Mausoleo de Mohamed V, la torre Hasan, el barrio Azul, la Kasbah de Udayas, el jardín andaluz, la medina y el puerto de Salé. Pudimos contemplar la majestuosidad de sus estructuras arquitectónicas, la hermandad con los pueblos más tradicionales españoles en el barrio azul, el jardín andaluz en su compañerismo con los jardines de las alcazabas presentes en España. Visitamos una construcción que fue espacio de prisión y tortura y que desafortunadamente nos encontramos en todas las ciudadelas antiguas en cualquier país. Visitamos el puerto de Salé donde pudimos degustar un magnifico almuerzo en el que como protagonista tuvimos una magnifica y fresca fritura de pescado acompañada de una gustosa ensalada de berenjenas y aceitunas.
    Cuando terminamos nuestro almuerzo fuimos a visitar la Medina de Salé, donde pudimos adquirir las aromáticas especias y algún que otro recuerdo de nuestro paso por este laberinto de color y aromas.
    Retornamos a la residencia y después de un pequeño descanso, pasamos la tarde confraternizando con los ancianos, ofreciéndoles nuestro tiempo lleno de sonidos, ejercicios, texturas y colores a través de los cuales ellos sigan manteniendo sus sentidos despiertos y puedan perciban el cariño y el amor tan necesario para ellos.
    Nos prepararon una suculenta barbacoa, preparada por nuestro super Mohamed, quien además de acompañarnos en nuestra visita durante toda la jornada también tuvo tiempo de preparar las brasas y hacerse cargo de poner la carne a la brasa y servirla.
    Después de la cena pudimos entablar una muy interesante conversación con nuestro entrañable Mohamed en el que pudimos intercambiar ideas sobre nuestro trabajo. Y para finalizar la jornada nos reunimos para brindar por las oportunidades y por lo afortunados que somos de poder tener ser “elegidos” para convivir en estos espacios de crecimiento y aprendizaje.
    Una jornada de momentos, de aromas, de vivencias…… que hacen constatar la necesidad de un cambio interior en el ser humano para poder mejorar nuestro entorno, para un Mundo Mejor, y ¡sí! ¡Es posible! ¡Depende de ti! ¡Depende de mí! ¡Mejoremos! ¡Mejoraremos el mundo que nos rodea!